Trabaje duro: los escenarios de una república propia en la obra de Quintín Rivera-Toro

La política puede ser ese conocido ejercicio a través del cual delegamos la responsabilidad y el poder de toma de decisiones a un “supuesto” equipo “capacitado” de individuos que tendrán por obligación administrar nuestro estilo de vida. Sucesos como la imposición de una junta auditora sobre el gobierno de Puerto Rico, el resultado negativo del escrutinio en búsqueda de paz entre la FARC y el Estado Colombiano, la tercera celebración consecutiva de un proceso eleccionario en España, junto al espectáculo vulgar de la carrera por la presidencia de los Estados Unidos, podrían estar señalando un gran quiebre en la forma en la que hasta ahora hemos concebido la colectividad desde la maquinaria estatal.

El individuo, consciente del valor de su participación, puede reflexionar sobre sus capacidades de cambio al margen de los espacios que han sido designados para él dentro del sistema: esa reflexión, es indirectamente una invitación en privado a cuestionar la autoridad, y por consecuencia, las formas en las que se articula el poder. En esa cavilación, puede a su vez producir nuevas formas de imaginar un país hacia adentro, de inventar escenarios para hacerse mejor, para enseñarle al cuerpo a caminar de otra manera, y de una vez, compartir los escenarios de esa transformación desde la fragilidad más honesta.

Quintín Rivera-Toro, conocido entre otras cosas por su versatilidad y liderato en el campo de las artes visuales en Puerto Rico, ha construido consistentemente un cuerpo de trabajo heterogéneo. Sin embargo, el lugar desde el cual se ha acercado a su obra, sin embargo, ha sido siempre el mismo. Esa constante, es el lugar de la vulnerabilidad, que bien podríamos llamar empatía para ser menos dramáticos. Quintín es un actor comprometido, su participación oscila entre un alto sentido de la responsabilidad y un instinto natural por lo poético: su trabajo se concibe, desde la conciencia del acto artístico como uno que contiene valor político.

El ejercicio detrás de esta selección de obras, es observar detenidamente cómo se manifiesta lo poético y lo político como estrategia que delata la posición del artista; la vulnerabilidad hace evidente la intención de hacer de sus comentarios invitaciones abiertas a una conversación que ansía realizarse. Entre las piezas que conforman este evento, tanto las que se encuentran al interior de la sala como las que están distribuidas en los alrededores del Arsenal, el artista es una constante: en el caso de los performance, como accionador de las obras y en el caso de las fotografías y los vídeos, cómo figura referencial. Quintín, es su propio objeto de estudio, tanto así que se ubica como medida de lo que señala y crítica, se incluye dentro de sus acusaciones, se castiga y se corrige en público, creando de algún modo una colección de evidencias sobre su proceso de transformación y cuestionamiento.

Es fácil, y a la misma vez incómodo identificarse con la obra de Quintín, en parte debido, a que este asume como estrategia hacer visible la incomodidad que ha sentido al verse señalando. La distancia que la objetividad supone y que muchas veces La crítica pretende, no tiene sentido si se encarna como un mero acto de rotulación. La proximidad entre la sicología del artista y su obra, se evidencia en piezas como “Pidiendo de favor / Asking nicely”  (2011), un vaciado en yeso de las manos del artista formando un espacio cóncavo, como para llevarse agua a la boca o almacenar un puñado de granos; la pieza, se presenta como un gesto sencillo, asomada de la pared a la altura real, al lado derecho en la entrada de la sala. De manera similar, recibiendo al público, actúa el autorretrato,“Viva la resistencia” (2010), una pieza ubicada al exterior, presenta un autorretrato a cuerpo completo impreso sobre una bandera blanca. En una colonia como Puerto Rico, el acto de ser tu propia bandera podría ser una gesto de descolonización si pensamos en la negación del símbolo nacional como una manera de resistirse a pensar dentro del marco hegemónico.

En Puerto Rico, el conocido “tapaboca”, es una medida violenta para corregir a los niños cuando dicen algo “indebido”. La instalación “El tapaboca / Shush” (2013), ejemplifica este castigo desde un espacio lúdico, se apropia de la bandera y la transforma, y además, invita a la participación mientras genera una proximidad que permite observar el sistema que se ensambla al interior de la obra. En ella, la nación es una estructura que “corrige” al individuo, quien se resigna a ser moldeado a la medida de la identidad que la doctrina provee. El discurso de lo nacional, se manifiesta en esta pieza como un problema de retórica, intentando emplear un concepto estropeado, en un contexto donde las condiciones que le daban valor y sentido ya no existen. “El Tapaboca” es un excelente ejemplo de las contradicciones que se vive en carne propia cada puertorriqueño en su interior, a la vez que ilustra con humor e ironía los vicios del discurso nacional, qué cuando afirma algo sobre sí mismo, se lo niega a otro.

Ahora bien, Work harder o Trabaje duro (2012), además de ser el título de una de las piezas que forma parte de la exhibición, es a su vez la frase que escogimos como declaración para nombrar la muestra. Considerando el escenario político del país, aborda con ironía y resignado optimismo, un provenir desalentador; aun así, lejos de querer convocar un futuro fatalista, es una afirmación que abraza el trabajo como constante, no importa cuál sea el escenario que nos toque enfrentar.

Quintín al igual que muchos artistas, no ha tenido otra opción que fundar un país al interior del arte, y desde allí compartirlo con aquellos que estén dispuestos a traer algo.

16/10/2016, en Madrid, España.

*Publicado en el folleto impreso de la exposición “Trabaje duro”, de Quintín Rivera-Toro, en la Sala Este del Antiguo Arsenal de la Marina Española del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Publicado también en la revista 80grados.